70 años de la Declaración Universal de los Derechos Humanos

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Esta semana estamos celebrando que hace 70 años el mundo empezó a ser un poco mejor. Quizás los padres y madres —resultó también un hito histórico que una de las principales redactoras fuera una mujer, en concreto Eleanor Roosevelt— de aquella Declaración Universal de los Derechos Humanos, aprobada el 10 de diciembre de 1948 por la Asamblea General de las Naciones Unidas, y que con tanto esfuerzo e ilusión fue alumbrada, esperaban mucho más de las generaciones venideras, aquellas que, además de disfrutar de su contenido, deberían mantenerlo, respetarlo y aplicarlo. Quizás sus anhelos y esperanzas no se han cumplido en su totalidad. Quizás todo lo que deseaban y aspiraban a conseguir en aquellos momentos continúa siendo una utopía.

Sabemos que en muchos estados y territorios del planeta la Declaración no sólo no es respetada, sino también vilipendiada, ultrajada y pisoteada, constantemente. Sabemos que incluso en nuestro mismo país todos los días asistimos a vulneraciones de los derechos y libertades recogidos por la Declaración y sus subsiguientes Pactos Internacionales, pactos que son de obligado cumplimiento por los países firmantes. Sabemos que no podemos bajar la guardia, que debemos vigilar su aplicación por parte de todos los Poderes Públicos del Estado y de sus Fuerzas y Cuerpos de Seguridad, que debemos estar atentos a cualquier intento de poner en cuestionamiento los derechos y libertades que tanta sangre, tiempo y trabajo costaron ser aprobados y promulgados.

Pero lo que no podemos negar es que resulta todo un logro que 70 años después todavía perviva, y que hoy estemos celebrando su proclamación, y estamos seguros de que el mundo es hoy, con todos sus males y defectos, un poquito mejor de lo que era a fecha de 9 de diciembre de 1948.

Ahora es labor de todos y de todas, ciudadanía, partidos políticos, órganos del Estado, contribuir a mantenerla y a aplicarla durante al menos 70 años más, porque no podemos arriesgarnos a perder todo aquello que la humanidad ganó un 10 de diciembre de 1948.