Feliz de vivir en Tres Cantos

Me llamo Rosa y llegué a Tres Cantos el 1 de julio de 2018.

Comencé ese año 2018 «enferma», desde el mismo 1 de enero. Casi un año con dolor de estómago, náuseas y un malestar que no remitía nunca. Hasta el verano, gastroenteritis agudas me obligaron a pasar en cama una semana al mes, sin fuerzas, casi sin poderme mover.

Por muchas pruebas que me hacían, los médicos no localizaban patología médica alguna que pudiera dar sentido a tal situación, pero la realidad es que así me sentía; por otro lado, mi pareja y yo no estábamos bien, discutíamos todo el tiempo y empecé a percatarme de que él ejercía demasiado control sobre mí.

Yo solo quería estar tranquila y que el tiempo pasase, para que pasara también todo ese horror; un día me di cuenta de que si yo no hacía algo tampoco iba a dejar de suceder, pero me sentía agotada y no tenía fuerzas para hacer nada, ni siquiera para plantearme los cambios que mi vida necesitaba para curarme.

El control y la falta de respeto por parte de mi pareja fueron a más, al mismo tiempo que mi enfermedad, hasta que un día cruzó la línea roja, que en este caso fue hacerlos extensivos a personas que yo quería mucho y necesitaba a mi lado; finalmente, en el mes de junio, y ya casi sin fuerzas, encontré la solución: tenía que marcharme de casa con mi hijo adolescente (fruto de mi pareja previa), porque él tampoco se merecía vivir así, ni tampoco mis seres queridos, que me veían sin vitalidad, apática, infeliz, todo lo contrario a lo que yo he sido siempre.

Tampoco tenía fuerzas de iniciar un contencioso que seguramente hubiera ganado, gracias al cual podría haberme quedado en mi casa, con mi hijo; no me sentía preparada para encarar un proceso que yo preveía largo y duro.

Afortunadamente cuento con independencia económica; trabajo en una empresa de la que percibo un sueldo digno, y me podía permitir alquilar una vivienda.

Por ello, opté por buscar un piso de alquiler en el área norte de Madrid, ya que mi trabajo y el colegio de mi hijo están en esta zona, y, si me quedaba en Torrejón, todo hubiera seguido igual. Mi ya expareja no me hubiera permitido iniciar una nueva vida allí, así que no había más remedio que poner tierra de por medio y salir de aquel infierno.

Después de mucho buscar, finalmente encontré un piso en esta zona que podía pagar, en concreto en las llamadas «1000 viviendas» de Tres Cantos, ya que quedaron algunos libres después de haber sido vendidos a un fondo buitre y de que sus inquilinos se vieran obligados a abandonarlos por no poder hacer frente a la subida de renta que el nuevo propietario les impuso.

Aun teniendo ya la solución, el día previo a la firma del contrato de alquiler volví encontrarme mal y a no poder moverme; era la misma sensación de las gastroenteritis agudas anteriores, pero en realidad era ansiedad, era miedo, era un horror… es decir, que no estaba enferma; aunque padecía los mismos síntomas, esta vez era por pánico, que lo quería anular todo, y me paralizaba hasta el punto de no poder moverme. Afortunadamente para mí, mi hermana mayor (mi hada madrina) y mis verdaderos amig@s me dieron las fuerzas necesarias para salir de esta situación y seguir adelante.

El 1 de julio, y después de la mudanza que tuve que hacer con una empresa de transportes (me lo llevé todo, ya que no quería regresar), llegué a mi nuevo piso acompañada por mi hermana y su pareja, que me ayudaron en todo, incluso para saber qué llave iba en cada lugar, ya que no me veía capaz ni de abrir la puerta; finalmente conseguí superar el pánico de los primeros momentos y me instalé con mi hijo en el que ahora es nuestro hogar.

En septiembre, después de unas vacaciones familiares y completamente necesarias, busqué ponerme en contacto con el Círculo de Podemos Tres Cantos, ya que necesitaba conocer personas afines e integrarme en este maravilloso pueblo en el que ya me sentía muy a gusto, pero con necesidad de conocer gente nueva y hacer cosas, ya que necesito el contacto humano para vivir y para sentirme feliz.

Y dicho y hecho, no puedo estar más contenta; conocí a un grupo de gente maravillosa, un grupo humano fantástico, tanto que, además de hacerme sentir como una tricantina más, me siento con fuerzas para apoyar y estar con ellos en la próxima campaña, y así arrebatar de una vez este pueblo a gente que no vela por los intereses de las personas, sino solo y únicamente por los suyos.

Gracias a tod@s los que me empujaron a estar hoy aquí, gracias a tod@s los que me recibieron con los brazos abiertos.

Firmado: Rosa Feliz Muñoz: madre de 2 hijos, amiga de mis amig@s, trabajadora, tricantina y Feliz.