La reivindicación de los Derechos Humanos a través de la literatura

Fotografía de CNN.com

Hace unos días hemos conocido una de esas increíbles historias que demuestran que, con frecuencia, la realidad supera la ficción. Quizás nunca habría llegado hasta nuestro país la noticia del flamante ganador 2019 de dos de los galardones que componen el Premio Literario Premier de Victoria, en Australia, de no ser porque se trata de un refugiado kurdo-iraní que ha pasado los últimos cinco años detenido en una isla del Pacífico. Su nombre es Behrouz Boochani. En su país natal, Irán, trabajaba como periodista, poeta, productor y director de cine y, en la actualidad, es solicitante de asilo en Australia.

Boochani fue detenido por primera vez en 2013, cuando intentaba alcanzar las costas de Australia en un barco procedente de Indonesia. Fue encerrado en un centro de detención de la isla de Manus, ubicada en Papúa Nueva Guinea, en cual se vio obligado a convivir con cientos de personas.

Boochani había logrado escapar, tras haber permanecido escondido durante varios meses, de la persecución a la que las autoridades iraníes le habían sometido por su trabajo como periodista. Dado que tenía presente la censura sufrida en Irán a sus artículos y reportajes y que los guardas del centro de detención de Manus registraban semanalmente su habitación, en el momento en que comenzó a escribir su libro decidió no hacerlo en papel, ante el riesgo de que sus escritos fueran extraviados o destruidos. El método empleado fue el envío de mensajes de texto y audios en idioma farsi a través de su teléfono móvil a su amigo y traductor Omid Tofighian, que se encargó de traducirlos al inglés. El resultado, cinco años y cientos de mensajes enviados después, es el libro que bajo el título No friend but the mountains (Sin más amigos que las montañas ha obtenido nada menos que los dos premios literarios más prestigiosos de Australia. Sin embargo, esta será la primera vez, en toda su historia, que el ganador no pueda asistir a la ceremonia de entrega, por tener prohibida la entrada en el país.

Fotografía de CNN.com

Behrouz ha comunicado a través de sus redes sociales que espera que estos premios ayuden a visibilizar la situación de los refugiados que Australia mantiene encerrados en campamentos fuera de su territorio. Una situación
totalmente desconocida en Europa, a pesar de que ya dura diez años. Son unos campamentos que Australia creó en las islas de Manus y Nauru y que han sido denunciados por Naciones Unidas y varias organizaciones de defensa de los derechos humanos debido a sus condiciones de vida, a las que califican de infrahumanas. Australia remite allí a los solicitantes de asilo que llegan por mar desde el Sudeste asiático, provenientes sobre todo de Siria, Pakistán, Sri Lanka, Afganistán, Irán y Myanmar.

El Tribunal Supremo de Papúa Nueva Guinea declaró ilegal este campo de detención y la policía intentó cerrarlo, pero sus ocupantes se negaron, dado que no tenían otro lugar al que marcharse. Para obligarlos, la policía confiscó los alimentos y destruyó los depósitos de agua, las tiendas de campaña y los colchones. Por su parte, Australia los dejó sin agua ni alimentos, pero sin embargo se niega a repatriarlos o trasladarlos a otro país, como ha solicitado varias veces Nueva Zelanda, por lo cual los refugiados se encuentran en un limbo del que desconocen cuándo ni cómo van a salir.

Fotografía de Eagle News

En estos momentos, Behrouz Boochani continúa allí, recluido junto con otras 600 personas, con la única esperanza de que un tercer país los acoja y puedan por fin abandonar el campo de detención. quiere aprovechar la visibilidad mundial que le ha otorgado la concesión de estos dos importantes premios para perseverar en su lucha por obtener su libertad y la de sus compañeros y reivindicar su derecho a residir en un país que acepte sus solicitudes de asilo y donde puedan vivir por fin con las condiciones de libertad y dignidad que les corresponden como seres humanos.

Desde Podemos Tres Cantos hemos querido hacernos eco de esta impresionante historia y sumarnos a la loable campaña de Behrouz Boochani, que está demostrando cómo, una vez más, la literatura se revela como un arma poderosa, al mismo tiempo que pacífica, con la cual sea posible cambiar el mundo y mejorar nuestro futuro. Porque Sí se puede, nos ponemos al lado de todos los refugiados del mundo en su búsqueda de un lugar donde puedan vivir en paz y desarrollar su proyecto de vida con la confianza de que van a disfrutar de garantías suficientes de seguridad, libertad y protección.