Corresponsabilidad en la vida y la obra de Lilly Martin Spencer


Cuadro titulado Domestic Happiness, de Lilly Martin Spencer

Todavía en la sociedad actual no se comprende ni acepta que la corresponsabilidad es beneficiosa tanto para hombres como para mujeres, y es que el patriarcado se ha encargado de crear roles y estereotipos que perjudican a ambos sexos, estigmatizando al hombre que se responsabiliza de las tareas de cuidado de afeminado o poco varonil. La corresponsabilidad se entiende como una oportunidad para el liderazgo femenino, para la incorporación de las mujeres al mundo laboral, y se olvida que es una oportunidad para que los varones dejen de soportar en exclusiva la carga económica además de disfrutar de sí mismos y de su familia.

Si desmontar este tipo de mentalidades hoy es difícil, 170 años atrás era una proeza, y la artista Lilly Martin Spencer y su esposo lo hicieron tanto a nivel personal como creando ella obras que divulgaban un estilo de vida familiar nada convencional, pero que ella, con su talento técnico e ironía, tambaleó los cimientos de la sociedad americana desde sus exposiciones con cuadros que provocaban las risas de los espectadores, cuando era ella quien en realidad se mofaba de quienes los observaban. Young Husband: First Marketing, creado en 1854 y conservado hoy en el Museo de Arte Metropolitano de Nueva York, es buena ejemplo de ello.

Aunque los padres de la pintora eran franceses, ella nació en Inglaterra, en Exeter, un 26 de noviembre de 1822. Su nombre originario fue Angelique Marie Martin y a la edad de 8 años, con su familia, emigró a Nueva York, donde vivieron durante 3 años hasta trasladarse a una granja en una pequeña ciudad de Ohio llamada Marietta. Desde bien pequeña fueron evidentes sus dotes artísticas y llamó la atención de artistas locales como Sala Bosworth y Charles Sullivan, quienes la apoyaron y asesoraron hasta conseguir que en 1841, a los 19 años, organizará su propia exposición en una rectoría de la Iglesia del pueblo, que fue visitada por el crítico Nicholas Longworth, quien quedó fascinado con su obra y su corta edad, recomendándole que fuera a estudiar a Cincinnati.

La madre de Lilly, Angelique Perrine LePetit Martin, era una firme seguidora del utopista Charles Fourier, y esas ideas calaron profundamente en su personalidad, convirtiéndose en una mujer inusualmente independiente en su época, así como firmemente creyente en la igualdad entre los sexos y la oportunidad para las mujeres. Lilly se sentía artista y no pretendía serlo por presumir de habilidades, sino por ser su profesión. Así pues, antes de cumplir los 20 años marchó a Cincinnati, donde se formó con los retratistas James Beard y John Insco William, a quienes asombraba el estilo peculiar de la pintora.

En 1844, tres años después de haberse instalado en ciudad, Lilly se casó con Benjamin Spencer, y decidió mantener su apellido (ya sabemos que lo normal es adoptar el del cónyuge en los países anglosajones). Benjamin, inglés, trabajaba en una sastrería, pero una vez casados decidieron que él dejara su trabajo para apoyarla a ella en su carrera, dedicándose a atender las labores domésticas. De éste modo Lilly se convirtió en el sostén económico de su hogar. Familiares y amigos apostaban que ella, antes o después, abandonaría su carrera pero se equivocaron. Además tuvieron 13 hijos de los que solo 7 llegaron a la madurez.

En 1848, buscando un mayor público, Lilly y Benjamin se trasladaron a vivir a Nueva York, donde ya era conocida por las exposiciones que había realizado en la Academia Nacional de Diseño y en la American Art-Union. A la población neoyorkina le gustaba comprar cultura en la que se sintiesen representados y Lilly, que era especialista en retratos, encontró en esa brecha dónde triunfar con escenas domésticas, a menudo inspirándose en escenas de su propia familia. Así pues, se convirtió en la pintora de género femenina más popular y reproducida de mediados del siglo XIX. Sus pinturas rebosaban optimismo, calidez y entusiasmo que transmitían felicidad y una forma de vida familiar sorprendente. También resultaba peculiar el nombre de sus obras, a las que titulaba de forma cota, pegadiza y no descriptiva del contenido de la misma, sino más bien como un reclamo artístico, Una de las horas felices de la vida, Las dos debemos desaparecer, Leyendo la leyenda o Bésame y tú besarás a las chicas son algunos de los sugerentes títulos.

Cuadro titulado Young Husband, de Lilly Martin Spencer

Lilly Martin también ilustró libros y revistas, realizó litografías e hizo retratos por encargo, entre otros el de la sufragista Elizabeth Cady Stanton; sin, embargo había una gran disparidad entre su aparente popularidad y su éxito financiero. Realmente su vida fue una continua crisis económica repleta de facturas que se amontonaban a final de mes. Por ese motivo, en 1858 ella y su familia se mudaron a vivir a una granja en Nueva Jersey, donde la crianza de animales de corral y la plantación de verduras evitó que cayeran en la inanición que trajo la guerra. La familia se trasladó de nuevo, en el invierno de 1879, a las zonas rurales de Nueva York, y un año después, con tan solo 46 años falleció su esposo quedándose ella viuda y con un montón de niños, por lo que tuvo que vender la granja y trasladarse a otra más modesta a unos 10 kilómetros de distancia, manteniendo un estudio allí.
Lilly siguió trabajando hasta su muerte, acaecida el 22 de mayo de 1902, pero su situación financiera siguió siendo insegura siempre. Lilly Martin perseveró a pesar de la crisis financiera y enfrentó desafíos que todos los artistas deben enfrentar, así como dificultades específicas para una mujer que trabajó en un mundo dominado por hombres.

La obra de Lilly Martin es tanto ideológica como utópica. Ideológica por fomentar a la clase media en ascenso en el mundo cultural; utópica, por resistirse a la dominación de la clase o del género. Sus obras. En su gran mayoría, óleos sobre lienzo fueron pintados con una paleta de colores brillantes y nítidos, refinados en su ejecución y terminados con suavidad. Son llamativas las cabezas que pinta, grandes y desproporcionadas de sus cuerpos, especialmente en el caso de las mujeres con una intención de empoderarlas y equilibrarlas en la igualdad. También es curioso el tratamiento que da a los varones como amorosos esposos e ineptos maridos ante la corresponsabilidad. Ejemplo de ello es Young Husband, cuyo modelo fue su esposo, y a través de cuya obra pretendió un acercamiento cómico a las ansiedades sociales de su tiempo, y que era desmontar los roles de hombres y mujeres.

El protagonista del cuadro es Benjamin que, aturdido, viene de hacer la compra de alimentos para su hogar, pero de la canasta que porta ya han caído varias verduras que están esparcidas por el suelo, y un pollo que está cayendo. Sujetando el paraguas y la cesta al hombre parecen faltarle manos para llegar con la compra completa a su casa. Tras él, un caballero, observa sonriente al protagonista y al fondo una criada lo mira con desconcierto. Las costumbres de la familia de la artista provocaban la burla de la sociedad, pero fue ella quien realmente se burló de la misma con esta obra que expuso en la primavera de 1854 en la Academia Nacional de Diseño de Nueva York. El marido de Lilly realizaba estupendamente las tareas de la casa, pero el público que vio la obra tras divertirse se sintió ofendido porque en el cuadro se ridiculizaba la gentileza e incompetencia del hombre.Lilly Martin a mediados del siglo XIX trató sin pudor las relaciones hombre y mujer en una sociedad igualitaria y en una vida matrimonial con responsabilidades compartidas, y lo hizo en términos humorísticos, para provocar y sensibilizar a la sociedad del momento. Pintando escenas domésticas la artista visualizó a la mujer que reclamaba igualdad, espacio, ámbito y estatus profesional, de modo que ambos sexos tuvieran las mismas oportunidades.

Resulta más que curioso que actualmente los hombres y las mujeres le dediquen prácticamente el mismo tiempo a las tareas domésticas cuando no tienen pareja (11 horas ellos y 13,5 ellas semanales), y que la cantidad de horas se duplique en el caso de ellas y se mantenga en la de ellos cuando conviven. Ello implica que ambos sexos están perfectamente cualificados para su realización pero la cultura patriarcal carga con esta labor a las mujeres por no estar remunerada económicamente.

Las tareas de la casa, en un estado de igualdad, han de contemplarse como una oportunidad para ambos sexos de compartir tiempo con la pareja, aumentar el bienestar personal y social, mejorar la complicidad con la persona elegida, disfrutar y conocer mejor a los hijos y las hijas, aprender nuevas competencias y habilidades, dar independencia y autonomía, tener la satisfacción de ser capaz de cuidar de sí misma/o y de la familia, ser responsable y coherente y convertirse en un buen ejemplo para la prole. Ningún hombre puede hablar de libertad o de justicia sin poner en práctica los valores de la igualdad en el hogar. Pues de lo contrario se convierte en el inepto que retrató Lilly Martin.

Firmado: Esther Tauroni Bernabeu, Doctoranda en Políticas de Igualdad, Licenciada en Historia del Arte, Técnica en Igualdad, Activista, Ingobernable, Investigadora y Mujer.

Trece razones para seguir luchando

Sus nombres eran: Carmen Barrero Aguado, Martina Barroso García, Blanca Brisac Vázquez, Pilar Bueno Ibáñez, Julia Conesa Conesa, Adelina García Casillas, Elena Gil Olaya, Virtudes González García, Ana López Gallego, Joaquina López Laffite, Dionisia Manzanero Salas, Victoria Muñoz García y Luisa Rodríguez de la Fuente. La mayoría tenía entre 18 y 23 años, menores de edad conforme a la legislación de la época, y solo una de ellas, Blanca, 29.

Fueron fusiladas en la mañana del 5 de agosto de 1939 contra uno de los muros del cementerio de La Almudena, que hoy ostenta unas placas en su memoria, y que fue profanado hace unas pocas semanas por unos vándalos que pintaron de negro las banderas republicanas que las recuerdan. No sido este el único lugar de este camposanto en ser atacado. Las tumbas del fundador del PSOE, Pablo Iglesias, de la dirigente comunista Dolores Ibárruri (conocida como La Pasionaria) y los monumentos a los Caídos de la División Azul han sido también dañados con diversas pintadas. Todo parece indicar que estos reprobables actos tuvieron lugar tras la manifestación que el pasado 10 de febrero convocó en torno a la plaza de Colón de Madrid al tripartito de la derecha española y sus acólitos.

Está históricamente comprobado que las Trece Rosas, como se conoce desde aquella aciaga mañana de 1939 a las trece muchachas fusiladas, fueron elegidas al azar de entre las 4.000 reclusas que malvivían hacinadas en la cárcel de Las Ventas. Sólo tres de ellas eran activistas de las Juventudes Socialistas Unificadas (JSU). Blanca Brisac, por ejemplo, nada tenía que ver con la política activa; era católica y votante de derechas, y su único delito había sido prestar dinero a un amigo comunista.

Todas ellas se encontraban recluidas en Las Ventas cuando se produjo el brutal asesinato de Isaac Gabaldón, comandante de la Guardia Civil, de su hija y del chófer que les acompañaba, por parte de tres militantes de la JSU en la noche del 29 de julio de 1939. Como forma de castigo, el seis de agosto fueron fusilados tanto los autores de la muerte, delatados por medio de las torturas a las que fueron sometidos algunos de sus compañeros, y también muchos de los presos que habían sido detenidos poco antes, ya fueran o no miembros de la JSU, entre ellos las Trece Rosas. En realidad fueron catorce: una de ellas se salvó ese día de la muerte por un error en la transcripción de su nombre (Antonio en lugar de Antonia), siendo finalmente fusilada unos meses después. Debido al caos reinante en los tribunales, algunas de las detenidas acusadas por el intento de la reorganización de las JSU no fueron encausadas y, sin embargo, algunas jóvenes detenidas por otros motivos distintos sí que fueron enjuiciadas, como es el caso de la mayoría de estas catorce, que fueron condenadas a muerte tras un juicio sumarísimo en el Tribunal de las Salesas, junto con cuarenta y tres hombres.

Así rezaba la sentencia: «Reunido el Consejo de Guerra Permanente número 9 para ver y fallar la causa número 30.246, que por el procedimiento sumarísimo de urgencia se ha seguido contra los procesados (…) responsables de un delito de adhesión a la rebelión (…) Fallamos que debemos condenar y condenamos a cada uno de los acusados (…) a la pena de muerte». 48 horas después, las Trece Rosas fueron conducidas en un camión a 500 metros de la prisión y ejecutadas por un pelotón de fusilamiento, quedando grabado su nombre para la posterioridad como las Trece Rosas Rojas.

Las crónicas cuentan que una de ellas, Ana López Gallego, de 21 años, militante de las JSU, secretaria de Radio Chamartín durante la guerra, encarcelada desde el 6 de junio, sobrevivió a la primera descarga y se enfrentó a los soldados con un desafiante «¿Es que a mí no me matan?». Ese es el espíritu con el que debemos enfrentarnos a las amenazas de la triple alianza de la derecha, que parece decidida a cuestionar y poner en peligro nuestra democracia, nuestras libertades, nuestro Estado de Derecho y nuestro estado del bienestar.

Tenemos trece, o catorce, razones para hacerles frente, para, con la fuerza de los votos, de la Ley y de la palabra, no ceder al desaliento y seguir adelante, siempre adelante.

Una de las Trece Rosas, Julia Conesa, de 19 años, escribió esta frase como cierre de la carta que dirigió a su madre la noche antes de ser fusilada: «que mi nombre no se borre en la historia». Porque se lo debemos, porque su sacrificio nunca será suficientemente reconocido y porque somos plenamente conscientes de nuestra Memoria Histórica, desde Podemos Tres Cantos podemos asegurar que, por muchas pintadas y actos vandálicos que el muro de las Trece Rosas sufra, ni el nombre de Julia Conesa ni los del resto de sus compañeras podrán ser nunca borrados, pase lo que pase y le pese a quien le pese. Sus herederos de espíritu nos encargaremos de ello. Este próximo 5 de agosto se cumplirán 80 años. Nos vemos allí.

Firmado: María Morales

Abril nos espera


Fuente: Lainformacion.com Proclamación de la II República en la Puerta del Sol de Madrid (14 de abril de 1931)

Se nos ha convocado a Elecciones Generales para el próximo 28 de abril. Si bien es cierto que la campaña electoral, como está establecido, se producirá durante los quince días previos a la jornada de reflexión, es un hecho que ya ha dado comienzo, desde el mismo instante de su convocatoria por el Presidente del Gobierno, estando abocada la ciudadanía a una larga campaña electoral de más de dos meses de duración.

Así, en esta dilatada campaña, hasta ese 28 de abril, la triple derecha se nos presenta en sus tres versiones, a cual más impresentable: fascista una, neofranquista otra y neoliberal la tercera. Todas ellas compitiendo entre sí por mostrarnos su perfil más patriotero, más intransigente y más antidemocrático, no sólo en contra de todo aquello que se refiera a superar el grave problema territorial existente en nuestro país mediante el diálogo y el acuerdo sino, así mismo, contra toda esa España abierta y plural de la que la gran mayoría de los españoles nos sentimos orgullosos, más libres, y solidarios. En esa España infinitamente más democrática y diversa, alejada de ese centralismo voraz y asfixiante que el conservadurismo rancio de la triple derecha nos trata de imponer y que nos retrotrae a los tiempos oscuros de la dictadura.

En este sentido, es fácil aventurar, como acaba de suceder en los recientes comicios andaluces, que en la presente campaña electoral a las Generales el tridente de esta derecha carpetovetónica y neoliberal de nuevo volverá a la carga con ese discurso vacío, pleno de insultos y mentiras, apropiándose de símbolos que nos pertenecen a todos, como la Patria y la bandera, aderezando su discurso con diatribas de referencias catastrofistas al golpe de estado y a la ruptura de España por mor del independentismo catalán. Un discurso que más bien nos recuerda a aquellas rancias arengas cuarteleras a las que nos tenían acostumbrados durante la dictadura y que hoy cargan de amenazas e intransigencia que tanto odio rezuman y tanta aversión producen, como son las que, al unísono, el trifachito machaconamente nos propone: la inmediata aplicación del artículo 155 de la Constitución en Cataluña, la retirada de las competencias al nacionalismo periférico en materia de Orden Público y Educación y la incautación de los medios informativos públicos, de la radio y televisión catalanas, principalmente, así como un mayor castigo penal a los promotores del independentismo.

En esta tesitura, ni qué decir tiene que en esta larga campaña las tres derechas no nos hablarán de los problemas y necesidades de la gente, de los más de 150 desahucios diarios, ni del problema social generado por la falta de vivienda pública en alquiler ni de limitar su precio. No, no les interesa hablar de pobreza energética; de la dependencia; de feminismo, sobre la igualdad hombre/mujer ni de la brecha salarial entre ambos —¡sí, lo que faltaba!—, si acaso, algún exabrupto. Tampoco, ¡faltaría más!, propondrán algo sensato sobre la Memoria Histórica; al contrario, si cabe, más olvido. Sobre inmigración, sin duda, más racismo y más xenofobia. Mucho menos hablarán sobre todo aquello relacionado con la recuperación de los derechos sociales tras los brutales recortes del gobierno del Partido Popular, o en cuanto a las libertades y los derechos políticos cercenados y los instrumentos utilizados para recortarlos, como la Ley Mordaza, la Reforma Laboral, el Voto Rogado o la Reforma del Código Penal con el objeto de endurecer con penas y multas el activismo social

No, esta triple derecha no va a consentir ese debate, de todo lo que signifique mejorar la convivencia y la calidad de vida de la gente, no es su terreno de juego, carece de un programa serio solidario que, de verdad, interese a las clases populares. Sus recetas antisociales son las de siempre: bajar impuestos, es decir, a los ricos, a las empresas, a los bancos, a los fondos buitres y privatizar todo lo público, la sanidad, la educación, las pensiones…

No, lo que le interesa a este triplete neofascista, neocon y neoliberal es seguir exacerbando su nacionalismo ramplón y testicular con el meritorio concurso, como es obvio, de los independentistas, también de sectores del PSOE asociados a sus baronías y con el inestimable apoyo mediático de prácticamente todo el arco informativo audiovisual, que no cejarán en escamotear el debate real que necesitan nuestro país y la ciudadanía. Indudablemente, todos ellos entienden que esta dinámica electoral les beneficia y les dará importantes réditos electorales. Es un filón, una presa que no piensan soltar hasta el último día. Luego, si la operación da sus frutos, como han hecho en Andalucía, este trío de la derechas más rancia y reaccionaría se aliará para formar gobierno.

Fuente: AnnurTV La revolución de los claveles en Portugal (25 de abril de 1974)

En consecuencia, desde la izquierda, desde Podemos Tres Cantos, convocamos a la ciudadanía progresista a combatir la abstención; emplazamos a nuestros vecinos tricantinos a la movilización, a la participación masiva en las elecciones generales del 28 de abril, a fin de combatir y contrarrestar esta deriva retrógrada del conservadurismo hispánico que pretende atenazar nuestros derechos, nuestras libertades y nuestra calidad democrática.

Abril, que nos trae recuerdos de esperanza, de república, de libertad, de igualdad y de fraternidad, nos motiva para impedirlo. Contamos con todos vosotros. Abril es nuestro, porque, unidos, PODEMOS.

Firmado: Félix Arana

Un año sin Forges (pero no te olvides de Haití)


Forges en el Festival de la Risa de Bilbao en 2010. FOTO: SANTOS CIRILO

Parece mentira, pero ha pasado ya un año desde que se nos marchó Antonio Fraguas, Forges, un aciago 22 de febrero… llevándose con él un pedacito de la historia de nuestras aspiraciones por alcanzar la plena libertad artística, de expresión y creación.

En los tiempos que vivimos, que siguen siendo malos para la lírica, numerosos peligros se ciernen sobre la libertad de expresión, por lo cual es una obligación para todos los que día a día tratamos de ejercerla recordar el sentido crítico que siempre caracterizó a Antonio Fraguas. Casualmente, mientras escribo estas líneas, suena en la radio esta premonitoria canción, que tomó su título de un poema de Bertold Brecht, como si el programador me estuviera dando la razón…

Forges supo retratar como nadie el costumbrismo español durante varias décadas, sin olvidarse de ningún problema social ni humano, tratándolos siempre con una extrema sensibilidad y ternura. Iluminó durante lustros las mañanas de los millones de españoles que cada día compraban el periódico donde publicaba sus viñetas, muchos de los cuales hoy reconocen que la primera página que desplegaban era la suya.

Junto al gran tacto y delicadeza utilizados a la hora de abordar tanto las alegrías como las miserias humanas, Forges empleó su sentido del humor como instrumento de crítica frente a la clase política, la guerra, las injusticias sociales y todo tipo de sinrazón humana.

Crítica que en estos días se encuentra amenazada, según el informe de Amnistía Internacional (AI), que alerta de la persecución sufrida en España en los últimos años por tuiteros, activistas, cómicos, músicos y artistas en general, denunciados muchos y condenados algunos incluso a penas de prisión por delitos tan graves como enaltecimiento del terrorismo y humillación a las víctimas. Según Esteban Beltrán, director de AI en España, 2017 y 2018 han sido malos años para la libertad de expresión. Es decir, que aparte de malos tiempos para la lírica también son malos tiempos para expresar una opinión y para la creación artística.

Es por ello que el homenaje a Forges se hace tan necesario, no solo por lo que ha significado para la cultura, tanto erudita como popular, y para el progreso intelectual y lingüístico de nuestro país en los últimos 50 años (todos conocemos su pseudolenguaje, y sus numerosas aportaciones a la lengua española en forma de vocablos y expresiones inventadas, conocidos como forgendros), sino como modo de reivindicación de la expresión artística en todas sus formas, incluido el humor.

Más allá de este reconocimiento al gran humorista que fue, su gran amiga y compañera de radio durante años Pepa Fernández ha recordado varias veces que «lo mejor de Forges era Antonio. Lo mejor de Forges no estaba en las viñetas. Por encima de todo, Antonio era una buena persona». Y es que no podemos olvidar su implicación en numerosas causas sociales y campañas solidarias, como «Pero no te olvides de Haití», que la mantuvo ocupado durante los últimos 8 años de su vida, desde que el 12 de enero de 2010 un demoledor terremoto provocara la hecatombe de un país que venía siendo golpeado durante siglos por toda clase de maldiciones y catástrofes naturales y humanas; un país maldito, como es lamentablemente conocido.

Si Forges estuviera todavía entre nosotros, es seguro que se encargaría de mostrarnos las terribles noticias que apenas nos están llegando desde allí durante las últimas semanas; seguro que nos obligaría a apartar por un momento los ojos y los oídos de Venezuela y a centrarnos en lo que está ocurriendo en Haití, una nueva y violenta crisis política, social y humanitaria a la que casi ningún país ni organismo internacional está prestando atención, ocupados como están y estamos en «resolver» el problema venezolano.

Es por eso que, hoy más que nunca, echamos de menos a Forges y, sobre todo, a Antonio. Desde Podemos Tres Cantos queremos decirle, allá donde esté, y que cada uno dirija la mirada donde estime conveniente (yo lo haré mirando sus viñetas): «muchas gracias, Antonio, por ser tan buena persona y muchas gracias, Forges, por ser tan buen creador y tan gran artista».

Firmado: María Morales

Argumosa 11, vergüenza nacional

Fotografía de abc.es

Pocas veces, por no decir ninguna, un desahucio ha recibido tanta atención y cobertura por parte de todos los medios de comunicación (prensa, radio, televisión), nacionales. Y es que el que afecta al edificio de la calle Argumosa 11, situado en pleno barrio madrileño de Lavapiés, no es un desahucio cualquiera. Es el paradigma de los desahucios que se están llevando a cabo en nuestro país durante los últimos meses, fundamentalmente en las grandes ciudades, como Madrid y Barcelona. Es el ejemplo de la precarización de la vivienda, cada vez más costosa de adquirir, ya sea en compraventa o en alquiler; del rentable y execrable negocio que los fondos buitre han encontrado en los edificios y locales con rentas bajas que aún perviven en nuestras ciudades; de la turistificación de amplias zonas del centro, que ha transformado lo que antes eran comunidades de vecinos en alojamientos turísticos; de la expulsión de los habitantes de los barrios más céntricos a la periferia, en el caso de los más afortunados, o a vivir condenados a la penuria e incluso, en los casos más extremos, a conocer la dura vida de la calle.

Argumosa 11, propiedad de una familia perteneciente a la burguesía madrileña y de la empresa Proindivisos, se ha convertido en un símbolo contra la especulación inmobiliaria y el derecho a la vivienda en Madrid y ahora también en toda España, gracias a la difusión por parte de todos los medios de prensa nacionales. Además, concurren una serie de circunstancias que convierten a este lanzamiento en un caso más sangrante aún que otros similares. El Comité de Derechos Económicos, Sociales y Culturales (DESC) de la Organización de las Naciones Unidas ha solicitado hasta tres veces, la última hace pocos días, que se paralizara el desahucio de Pepi, una de las demandadas, ante la falta de una vivienda alternativa adecuada, sin que las autoridades españolas hayan atendido en ningún momento esta petición.  Juani y Mayra, dos de las otras afectadas, que habitan en pisos distintos, pero con el mismo contrato, también contaban con una resolución similar en uno de los intentos previos de desahucio, resolución que tampoco ha sido tenida en cuenta. De las cuatro familias desahuciadas, solo la de Juani tiene concedido un piso del IVIMA, pero todavía no se lo han entregado. Las otras tres familias se han quedado en la calle, una de ellas con tres niños a su cargo, incluido un bebé de tan solo un mes de vida, y otra con una adolescente discapacitada.

Fotografía de kaosenlared.net

Después de una decena de intentos de desahucio, todos ellos exitosamente paralizados gracias a la movilización de los vecinos, de activistas de diversas plataformas y de integrantes de partidos políticos, como Unidos Podemos, el pasado viernes día 22 nada menos que tres juzgados, hecho hasta ahora totalmente inédito en la historia judicial española, se pusieron de acuerdo para ejecutar los lanzamientos el mismo día y a la misma hora, y hasta 50 policías antidisturbios fueron enviados con la consigna de mantener acordonada la zona desde la noche anterior para evitar el acceso de los activistas al edificio y controlar cualquier movimiento que se pudiera producir. Las personas que ya se encontraban dentro del portal e intentaron impedir la entrada de las tres comisiones judiciales resultaron heridas y algunas de ellas, hasta siete, posteriormente detenidas cuando los agentes de la Policía Nacional rompieron los cristales con gran violencia para poder acceder al interior.

Los diputados de Unidos Podemos Ana Marcello, Alberto Rodríguez y Rafael Mayoral estuvieron presentes en la concentración que los vecinos y activistas mantuvieron durante toda la noche frente al edificio, sin que la policía les permitiera en ningún momento acceder al inmueble.

Desde Podemos Tres Cantos queremos expresar nuestro orgullo por la lucha de estos compañeros y compañeras y de todas las personas que han estado acompañando a Pepi, Rosi, Juani, Mayra y a sus respectivas familias durante todos estos meses de incertidumbre y calvario por los que han atravesado desde que en abril de 2018 llegó el primer burofax informando de que los inquilinos serían desalojados en cuanto venciesen los contratos de arrendamiento que cada uno tenía con la propiedad si no aceptaban un incremento del 300% en su renta mensual.

Desde Podemos Tres Cantos condenamos la desproporcionada e innecesaria violencia con la que la Policía actuó el viernes contra las personas que se concentraban pacíficamente frente a Argumosa 11 y esperamos que las autoridades competentes puedan proporcionar alternativas habitacionales a estas familias desahuciadas que todavía no cuentan con una vivienda y que no volvamos a presenciar un episodio tan vergonzoso como el que hemos tenido el bochorno de vivir en directo, retransmitido por emisoras de radio y televisión como si de un reality show se tratara.

Porque Sí se puede, reivindicamos el derecho a una vivienda digna, con unos precios y unas condiciones accesibles, y a recuperar el centro de nuestras ciudades para sus habitantes, sus hijos y los hijos de sus hijos.

Firmado: María Morales

El crimen fue en Granada

Sí, el crimen fue en Granada, aunque para Juan Van Halen, diputado de larga trayectoria del Partido Popular en la Asamblea de Madrid, el asesinato de Federico García Lorca no se trató de un crimen sino, en sus propias palabras, de «un error cometido por un régimen político en sus inicios», una gravísima y disparatada aseveración que fue rápidamente contestada por el diputado de Podemos Alejandro Sánchez, quien saltó de su asiento al escucharla y recriminó duramente a Van Halen recordándole que «un asesinato no es un error».

Aunque Van Halen ha intentado rectificar después sus tremendas palabras, no se nos puede escapar que ha utilizado tres en concreto, «error» y «régimen político», que nos conducen a pensar en lo peor de la España oscura, revisionista y reaccionaria. ¿Cómo puede alguien pensar que fue un error un fusilamiento perfectamente planeado y ejecutado? ¿Acaso encontraron por error a Lorca, que llevaba varios días escondido en la casa de la familia Rosales ante la certeza de que estaba siendo perseguido, porque pasaban por allí a saludar?

¿Fue un error su arresto, «una detención ilegal, sin orden escrita ni oral», como declaró años más tarde su amigo Luis Rosales? ¿Fue también un error conducirlo al Gobierno Civil, tomado por los golpistas dirigidos por Queipo de Llano, donde fue encerrado en un calabozo, compartiendo suerte junto con decenas de detenidos que esperaban allí, como él, un destino incierto? ¿También fue un error el asesinato de su cuñado, el joven alcalde de Granada Manuel Fernández-Montesinos Lustau, el mismo día en que Lorca fue detenido?

¿Se trató de un error el traslado a Víznar junto con otros tres desdichados donde, según la documentación policial, es “pasado por las armas”? ¿Acaso se le escapó a uno de sus guardianes una bala perdida que lo mató por error?

Fotografía de labarranca.org

Y, por último, pero no menos grave, ¿cómo se puede denominar «régimen político» a una sublevación, insurrección militar, alzamiento nacional, golpe de estado?… Llámenlo ustedes como quieran, pero no tengan, por favor, la desfachatez de decir que se trató de un régimen político en sus inicios. Al Partido Popular, una vez más, y no será la última, dado lo que se nos avecina, se le ha visto el plumero.

Como nos dejó bien claro el gran Antonio Machado (de quien justamente ayer se cumplieron 80 años de su fallecimiento, causado indirectamente por ese ominoso «régimen político»), como nos dejó bien claro, decíamos, en un estremecedor poema, debemos afirmar alto y claro que El crimen fue en Granada:

 1. El crimen

Se le vio, caminando entre fusiles,
por una calle larga,
salir al campo frío,
aún con estrellas de la madrugada.
Mataron a Federico
cuando la luz asomaba.

El pelotón de verdugos
no osó mirarle la cara.
Todos cerraron los ojos;
rezaron: ¡ni Dios te salva!
Muerto cayó Federico
—sangre en la frente y plomo en las entrañas—
… Que fue en Granada el crimen
sabed —¡pobre Granada!—, en su Granada.

   2. El poeta y la muerte

Se le vio caminar solo con Ella,
sin miedo a su guadaña.
—Ya el sol en torre y torre, los martillos
en yunque— yunque y yunque de las fraguas.
Hablaba Federico,
requebrando a la muerte. Ella escuchaba.
«Porque ayer en mi verso, compañera,
sonaba el golpe de tus secas palmas,
y diste el hielo a mi cantar, y el filo
a mi tragedia de tu hoz de plata,
te cantaré la carne que no tienes,
los ojos que te faltan,
tus cabellos que el viento sacudía,
los rojos labios donde te besaban…
Hoy como ayer, gitana, muerte mía,
qué bien contigo a solas,
por estos aires de Granada, ¡mi Granada!»

          3.

Se le vio caminar…
Labrad, amigos,
de piedra y sueño en el Alhambra,
un túmulo al poeta,
sobre una fuente donde llore el agua,
y eternamente diga:
el crimen fue en Granada, ¡en su Granada!

Firmado: María Morales

No sabemos lo que nos pasa, y eso es precisamente lo que nos pasa (José Ortega y Gasset)

Los humanos somos sociales. Desde los gregarios homínidos de hace 5 millones de años y hasta la actualidad, hemos vivido en comunidad, y nunca en todo este tiempo ha habido una sociedad tan próspera y libre como la que existió en la Europa Occidental durante las tres décadas posteriores a 1945. Los «treinta gloriosos», como los calificaba Fourastié.

Si miramos hacia atrás en la historia, Europa probablemente haya sido uno de los territorios más belígeros. Su cenit lo tuvo entre 1914 y 1945 con la —en singular, según Hobsbawn— Guerra Mundial, donde imperó la más horrible demencia. Afortunadamente, nuestros abuelos y abuelas aprendieron la lección y decidieron construir un mundo mejor.

Así, en 1944 se celebró la conferencia de Bretton Woods, donde bajo la influencia de Keynes se definió una política fiscal y económica orientada al crecimiento y al empleo con un comercio que respetara a los Estados. Para ello se crearon varias herramientas, como el Fondo Monetario Internacional (FMI), el Banco Mundial y la piedra angular: el sistema patrón dólar, por el cual se vincularon las diversas monedas nacionales con el dólar USA y, este, con el patrón oro, de modo que se garantizaba la convertibilidad de las monedas en oro con un cambio más o menos estable pero ajustable (apreciación/depreciación), según fuesen los desequilibrios comerciales.             

Se pusieron así los cimientos para una economía planificada, mediante una fuerte inversión pública orientada al pleno empleo y con el compromiso de gobiernos, empresas y sindicatos para transformar una parte relevante de los beneficios en mejoras para la sociedad.

Conferencia de Bretton Woods

Sin embargo, cuando se creía haber alcanzado la sociedad con más calidad de la historia de la humanidad, alguien decidió que este bienestar se les había ido de las manos.

En 1971, el presidente Nixon suprimió la convertibilidad del dólar en oro, comenzó una tendencia hacia la liberalización financiera global e impuso la máxima de que los Estados debían minimizar su intervención en los mercados, ya que estos debían autorregularse.

A continuación, y con el paréntesis de Carter, que tal vez era considerado demasiado «blando», llegaron los grandes hacedores del neoliberalismo: Margaret Thatcher (1979) y Ronald Reagan (1981) quienes construyeron las bases de la segunda globalización. Continuaron el trabajo varios miembros de la familia Bush, primero el padre (1989), después el hijo (2001) y más tarde la todopoderosa emperatriz Merkel (2005). El Tratado de Maastricht (1992), la implantación del Euro (2002) y otros tratados internacionales de libre comercio hicieron el resto. Por supuesto, sin olvidar la imprescindible colaboración de otros líderes políticos nacionales.

Si juntamos todos estos factores, tenemos un gran espacio supranacional (sin necesidad de cambio de moneda en UE), desregularización financiera, liberalización de los mercados, bajos costes de transporte y comunicaciones y libre circulación de mercancías y capitales garantizada. En este escenario, ¿qué podía salir mal?

Los Estados perdieron el control sobre sus fronteras económicas. Desde entonces, cualquier intento de implantar alguna medida fiscal o laboral se entiende como una agresión a los beneficios empresariales y tiene como respuesta una inmediata desinversión y traslado de la producción a territorios más propicios. En cambio, la disminución de la presión fiscal o la reducción de los derechos socio-laborales se consideran incentivos a la inversión.

En lo que a nuestro país respecta y como toda situación, por desesperada que parezca, es susceptible de empeorar, el 23 de agosto de 2011 nuestro legislativo aprobó el art. 135 (Ley de Estabilidad Presupuestaria) de la Constitución, que supuso de facto la ominosa entrega de la soberanía nacional.

©Antonio Fraguas, Forges

Y henos aquí, sintiéndonos afortunados si es que tenemos un empleo, con la incertidumbre de si tendremos o no jubilación y preocupados por lo que les espera a nuestros hijos. Todo ello, aderezado con cierto miedo a abrir la boca y convencidos de que las cosas son así porque «es lo que toca».

Todo esto parece un poco lejano visto desde una ciudad como nuestro Tres Cantos, que cuenta con una de las rentas medias más altas de España y con una «envidiable» tasa de paro que no supera el 6%. Sin embargo, debemos tener siempre presente el sabio refranero español cuando nos avisa de que «cuando las barbas de tu vecino veas afeitar, pon las tuyas a remojar».

Ahora que ya sabemos lo que nos pasa y que los tiempos mejores no son un mito sino que han sido una realidad, desde Podemos Tres Cantos proponemos eliminar esos oscuros pensamientos deterministas y dar un paso al frente para construir un futuro mejor. Aunque solo sea en honor de nuestros ancestros y en beneficio de nuestros descendientes.

Porque SÍ SE PUEDE, pensamos que un mundo mejor y un Tres cantos mejor son posibles.